Un paseo por Garate

En esta ocasión, pediré al lector que abandone por un momento sus actividades cotidianas, y me acompañe al alto de Garate o alto de Palanka, como también se le conoce popularmente, en relación al topónimo existente en la ascensión al mismo, por la vertiente de nuestro pueblo.

Alcanzaremos así casi los 280 metros de altitud para llegar a esta conocida cima, cuyo nombre, Garate, nos ofrece pistas inequívocas sobre su ubicación. Así, etimológicamente podemos dividir esta palabra en gara ‘alto, elevado’ y ate ‘puerta, paso’, obteniendo con ello el significado de ‘paso en la altura’ o ‘puerto de montaña’. Y en cuanto a su acentuación, decimos Gárate, aunque a la hora de escribirlo en euskera nos refiramos a Garate.

Según Federico de Barrenengoa, aparece este término en lugares ubicados en cambios de jurisdicción. Y así resulta ser también en nuestro municipio, al encontrarse lindando con el vecino pueblo de Okondo, el barrio Garate, el caserío Garate, y una zona de nombre Garatealde, que significa ‘lugar próximo a Garate’.

Esta abundante toponimia, junto con la existencia en sus alrededores de varios caseríos, situados tanto en Laudio/Llodio (Izagirregoi, Izagirrenagusia, Zugatzu, Andetxagagoikoa, Andetxagabekoa) como en Okondo (Zaballa, Arana, Mendieta, Larrinaga, Larrinagagoikoa),  nos da una idea sobre la importancia que históricamente pudo tener esta zona, probablemente condicionada por ser un lugar estratégico para la comunicación con otras áreas geográficas de interés, como son Aiara y Enkarterri.

En nuestra visita, pronto identificaremos el caserío que goza de la ubicación más privilegiada, denominado Garate, situado justo en la cima del ‘paso en la altura’. Y en torno a él y a su particular historia, tratará este artículo que aquí os presento.

Aunque al igual que en la mayoría de las casas de cierta antigüedad, resulta complicado determinar la edad del edificio, según sus actuales propietarios, la que hoy observamos podría llevar levantada aproximadamente unos doscientos años, y es sucesora de otra anterior, como lo constata el hecho de que guarda en su estructura algunas maderas de su predecesora. Será en este caserío donde nos reciban los protagonistas de esta historia, Josu Egoitz Zubiaur (Llodio, 1978) y Jesús Mari Zubiaur (Llodio, 1951).

Para comenzar, diremos que ambos son unas personas muy respetuosas con las tradiciones heredadas de sus mayores; lo hacen en la Cofradía del Señor Sant Roque, donde hoy los hallamos en las Jarras 11 (Jesús Mari) y 82 (Egoitz); y también en una actividad muy ligada a nuestro medio rural, como es la producción de Txakoli. Veamos entonces hasta dónde hemos de remontarnos para conocer el principio de este relato.

 

Un poco de historia

La presencia de viñedos en el valle, al parecer se remonta tiempo atrás, como se atestigua en el libro “Chacolí de Álava”, de los autores Juanjo Hidalgo y José Miguel Llano, donde se cita un documento del año 964 (San Millán de la Cogolla) en el cual dos hermanos, Jimeno y Marina, ante testigos, declaran, que “concedemos y confirmamos al monasterio de San Esteban y Santa María de Salcedo, en la persona de su abad Nuño (Nunno), nuestro monasterio de San Víctor y Santiago, situado en el lugar que decimos Gardea, con sus tierras, viñas (vineas), molinos, manzanares y demás pertenencias, tanto bienes muebles como inmuebles”.

También en esta publicación se nos dice que el Txakoli antiguamente se llamó “vino de la cosecha de la tierra” y posteriormente “vino chacolín”. Etimológicamente no están claros ni su significado ni su procedencia, y al parecer Sabino Arana instauró en 1895 la grafía definitiva que hoy conocemos, esta es, Txakoli.

Podemos centrar su producción en Euskadi y en los territorios limítrofes. Y también diremos que se trata de un vino elaborado con uva blanca, y que se caracteriza por su punto de acidez, consecuencia de una menor maduración del fruto, condicionada por nuestra climatología.

Jesús Mari nos cuenta como antiguamente en las tierras que poseían los caseríos, las zonas llanas se aprovechaban para labrar, y en las situadas en pendiente, más difíciles de manejar, se solían plantar viñas en ocasiones. Así, debemos enmarcar al menos las producciones más antiguas dentro de una agricultura de subsistencia, practicada por las familias para el autoabastecimiento propio.

Volviendo a nuestra historia, los Zubiaur han transmitido este arte de generación en generación. Así, desde Egoitz Zubiaur podemos remontarnos a Jesús Mari Zubiaur, que lo aprendió de su padre Jesús Zubiaur, y este a su vez de José Laureano Zubiaur.

Este último, nacido en Laudio/Llodio en 1874, es el antepasado más antiguo que al menos la familia recuerda elaborando Txakoli, sin perjuicio de que hayan existido otros con anterioridad. Démosle unos años para que crezca y situémonos por ejemplo a principios del siglo XX, referencia cronológica que tomaremos como aproximada.

Por aquella época era típico que algunos caseríos productores de Txakoli, actuaran a su vez como pequeñas tabernas o chacolines. Algunas de ellas eran la de Kurtze en Gardea, la de Agirre en Okondo, o la existente en Garate.

Y así, Jesús Mari Zubiaur, recogiendo las vivencias que le contaron sus mayores, recuerda que en la taberna se degustaba Txakoli y vino tinto, junto con otros productos derivados del cerdo, cuya matanza se realizaba unas tres o cuatro veces al año.

Pero era aquel un Txakoli especial, elaborado a través de una mezcla de uvas blancas y negras, y recibía el nombre de Ojo de Gallo.

Y a pesar de lo curioso de su denominación, diremos que es un término aceptado incluso por la RAE, como ‘color que tienen algunos vinos, parecido al ojo de gallo’. Así, es muy conocido en la provincia de Burgos, pero también en otros lugares de La Rioja, Araba y Bizkaia. Y además sirve para describir a una variedad de uva blanca, que se cultiva principalmente en Valdeorras (Ourense) y Bierzo (León).

Probablemente haya extrañado al lector la mención al vino tinto. Pues bien, el mencionado José Laureano Zubiaur, solía ir con otros dos amigos, Miguel Urquijo y Pedro Bengoa, a Aldeanueva de Ebro, una localidad riojana situada aproximadamente a 170 km, lo cual constituía toda una distancia para la época.

Allí, compraban la segunda flor de la uva, que llamaban la racima, y las metían en una barrica, que traían en tren a Llodio. Tras descargarla en la estación, con el carro y los bueyes subían a Garate, y en el lagar hacían para los tres un vino de unos 17º.

No era este un lagar cualquiera, ya que fue comprado a uno de los Marqueses de Urquijo. La falta de documentación nos impide concretar a cuál de ellos, aunque queda descartado cronológicamente el primero. Jesús Mari cree que pudo ser al tercero, Estanislao Urquijo Ussia, lo cual nos situaría ya a partir de 1914.

Diremos al respecto, que Estanislao Urquijo Landaluce, primer Marqués de Urquijo, en 1870 era ya el máximo contribuyente rústico de Álava. Y además, según se nos cuenta en el libro ya mencionado Chacolí de Álava, en 1879 “se constatan 965 áreas de viñedo en producción en todo el Valle de Llodio, 368 de las cuales correspondían al Marqués de Urquijo, mientras que las 597 áreas restantes se repartían entre otros 14 propietarios”.

Se encuentra este lagar en perfecto estado de conservación. Tal es así, que hasta el año 2006 se ha seguido empleando, manteniéndose con ello el método tradicional. Jesús Mari nos explica cómo se utilizaba en las siguientes líneas.

Junto al lagar, hay un tinaco en el que se echaba la uva y se pisaba. Con la ayuda de una pala, se recogía todo el líquido junto con los restos de las uvas, depositándose en el lagar. Se cubría por encima con dos tortas de madera, que hacían la función de una tapa. Y hacían falta tres o cuatro hombres, para mover una vara de grandes dimensiones, que ajustaba cada vez más aquellas tortas, prensando así las uvas. A través de un caño situado en la base del lagar, iba saliendo el mosto que se recogía con un balde, para terminar depositado en la barrica.

Tras completarse el proceso de la fermentación, todo estaba listo para llenar la jarra y servirla en una barra que aparecía mágicamente al recoger parte de una de las paredes de la bodega, fabricada en madera, que al levantarla y anclarla, quedaba así comunicada con otra estancia situada a la entrada de la casa: ¡Se abre el bar¡

Jesús Mari nos cuenta como antiguamente una vez al mes había mercado de ganado en la plaza. Pasaban así por Garate los aldeanos con sus animales, fundamentalmente desde Okondo, pero también desde localidades cercanas como Gordexola; y como no, en un caminar tan largo esta era una parada obligatoria.

También se recuerdan las fiestas de Santa Lucía, a las que venían gentes de los lugares anteriormente comentados, en grandes cuadrillas. La ascensión la realizaban por San Román o Ugaldegoiko, y posteriormente bajaban a Llodio a la romería. Finalizada esta, regresaban por la carretera y paraban en Garate, donde podían hasta echar una partida de bolos.

Y es que otra de las características de estas tabernas de Txakoli, era la existencia de boleras junto a los caseríos, aprovechando alguna pared de los mismos. Así, el viejo bola-toki de Garate, convertido hoy en gallinero, estuvo situado en la parte del caserío que da al monte. Sus remontes estaban hechos de arcilla, y las bolas utilizadas rondaban los 16-19 kilos.

Y respecto a la carretera, esta se construyó a finales del siglo XIX, para sustituir al antiguo camino que hasta entonces había venido utilizándose. Testigo de ello es el “Plano general de la carretera de Llodio a Oquendo. Febrero 11 de 1888”, donde en su extremo inferior aparecen mencionados el Palacio del Marqués de Urquijo y el depósito de aguas, y ya en el Valle de Oquendo, las últimas referencias son Zuvibiarte y Casa de Villa (actual Ayuntamiento), llegando a morir en la carretera de Bilbao a Vitoria.

La mayor parte del trazado respetaba el trayecto anterior; sin embargo, sí que se observaba una variación desde el caserío Arana de Okondo (en la última cuesta, ascendiendo desde el pueblo vecino), en sentido a Laudio/Llodio.

Así, pasando cerca de Garate, el antiguo camino seguía hacia Acha (Atxe), Bengoeche (por Andikoa), para juntarse de nuevo con la carretera antes de llegar a Ibarra (un poco más arriba de las piscinas municipales). Desgraciadamente, hoy este camino se encuentra cerrado en varios de sus tramos.

Bueno, pues una vez repasados algunos aspectos históricos importantes para este relato, nos disponemos a visitar el viñedo en compañía de Jesús Mari y Egoitz.

 

Presente y futuro

Se halla esta plantación resguardada en un pequeño valle, que se forma detrás de uno de los laterales del caserío Garate. No es visible desde la carretera, y no debe confundirse con el situado cercano al alto, en la ladera del caserío Izagirregoi.

Para acceder a la bodega (inaugurada en 2006) existe acceso desde la propia carretera. Una vez allí, puede observarse todo el viñedo, al cual sus propietarios identifican por diferentes parcelas, cuyos nombres están relacionados con la toponimia del lugar: Lezao, Barranca, Aldapa, Supikando, Zugatzu y Andetxaga.

Esta última es una ampliación del terreno utilizado, y constituye una apuesta seria de futuro, ya que en ella se han empleado 4.000 plantas nuevas, que estarán listas para dar su fruto en unos tres años. Con todo ello, el viñedo tendrá una superficie total de casi cuatro hectáreas. Y es que la incorporación de Egoitz (2007), ha supuesto una remodelación total de la explotación, dándole un enfoque comercial a su actividad tradicional. Muestra de ello es la creación de ésta página web,  www.txakoligarate.com.

Anteriormente a esa fecha, llevaban la uva a la marca Xarmant de Amurrio. Pero tras la construcción de la bodega, y con la ayuda de las nuevas tecnologías, producen, elaboran, y embotellan su propia marca, denominada Txakoli Garate, hasta el momento sólo distribuida de manera directa a bares y restaurantes.

Cuenta con la Denominación de Origen Arabako Txakolina, que abarca los municipios de Aiara, Amurrio, Artziniega, Okondo y Laudio/Llodio. Y elaboran dos tipos de Txakoli, uno blanco que se comercializa, y el tradicional, el Ojo de Gallo, que sólo puede degustarse en visitas a la bodega, rodeado de un bello entorno natural.

Respecto a las variedades de uva empleadas, utilizan Hondarribi Zuri y Hondarribi Zuri Zerratia para el blanco; y Hondarribi Beltza y Mune Mahatsa para el Ojo de Gallo.

Cara al futuro, y dentro de un mundo tan globalizado como el nuestro, las actividades tradicionales realizadas de manera artesanal, con ayuda claro está de las nuevas tecnologías, presentan un alto valor añadido. Y es que además de constituir una forma de vida, al mismo tiempo se sigue transmitiendo la cultura del lugar, que es en última instancia el bien más preciado que tenemos el deber de preservar.

 

Igor Castillo Ruiz